• Sol Jouliá

NOS PRESETEARON

Nos presetearon para que al mirarnos al espejo sólo encontremos defectos.


Nos bombardearon de tal manera con imágenes de cómo teníamos que ser, posar, sonreír, vestirnos, maquillarnos, tunearnos, arreglarnos, peinarnos, depilarnos, prepararnos para el temido verano… que hoy, ya no somos capaces de distinguir cuál es nuestra verdadera esencia como mujeres, y mucho menos notamos cuándo se trata de una construcción estereotipada impuesta por otros.


Nos presetearon, llenándonos de prototipos idílicos, de cuerpos perfectos que tenemos que imitar a toda costa, y sin pensar en cuál es el verdadero precio. Nos dijeron cómo teníamos que ser y sobre todo nos recuerdan, por todas las vías posibles - 24 horas al día, los 365 del año - a quién nos tenemos que parecer.


Lo dicen todo el tiempo, y lo van a seguir diciendo mientras que para nosotras siga siendo más fácil, cómodo y supuestamente “seguro" seguir las patéticas normas de la moda, y los parámetros de una sociedad donde el consumo es la regla número uno.


Nos pre-setearon, y nosotras lo aceptamos cuando no ponemos en duda ni desafiamos algo tan mínimo y supuestamente simple, como es "la manera de mirarnos". Sí, todos los días, lo haces, no te mientas, porque a mí también me pasa. Lo hacemos cuando nos levantamos, nos cepillamos los dientes y comenzamos a disparar cientos de recriminaciones en un nano segundo, cuando vemos la imagen que el espejo nos devuelve, y que no coincide con lo que otros nos venden.


Buscamos defectos en nosotras todo el tiempo, en vez de encontrar algo, al menos una cosa positiva donde posar nuestra razón, nuestra vista, y nuestro corazón. Granos, arrugas, ojeras; orejas dumbo, nariz rota, labios finitos, cabello crispado; cuello corto, pechos caídos, mamas en punta, tetas desinfladas. Cintura cuadrada, caderas ensanchadas; cola aplastada; celulitis, flacidez, flotadores. Gambas anchas, pantalón de montar; pies enormes; mini uñas pegadas. La lista puede ser interminable, sobre todo cuando la alimentamos con odio, la recargamos con exigencias y le tiramos la leña de heridas viejas que no dejan de cicatrizar, porque desde nuestro punto de vista estamos a años luz del “ideal”.


Vivimos inmersas en una Matrix y allí interpretamos un rol que al estar definido, pensado y programado por otros, en el 99,9 % de los casos, dista completamente de la posibilidad de alcanzarlo porque siempre habrá algo que nos falte, que no haremos, o que no completemos. Y ese es el juego, el negocio, la gracia, lo que conviene que suceda para seguir sosteniendo grandes mercados, como el de la belleza y la juventud eterna, que se alimentan de la mercantilización y los estereotipos.


Onda fit, ultra fit, mega modelada, operada, retocada, tuneada, y balanceada como si fueras un auto de fórmula uno al que hay arreglar, inflar, ajustar en cada vuelta que da. Sí, desde la cabeza hasta los pies, no hay un sólo espacio, un centímetro de nuestro cuerpo que no haya sido previamente definido por otros acerca de cómo debería ser. Son ellos los que tienen la última novedad, los aparatos de vanguardia, la cirugía exacta, y el producto soñado para acercarnos al ideal - estipulado por ellos baby - y que nosotras “suponemos" que necesitamos.


Y allí estamos girando, como hamsters, atrapadas en una rueda interminable de tendencias, tips, obligaciones y casilleros por completar todos los días para que nos vean, para ser amadas, cazadas, y al fin y al cabo entrar en otras ruedas bastante más pesadas, y en algunos casos siniestras, que dicho sea de paso resultan imposibles de hacer girar, y sí, a muchas de nosotras nos llevan puestas.


Y del circo - señoras y señores - muchas sienten que no se pueden ir, otras no saben a dónde refugiarse, cómo esconderse, borrarse aunque esa no sea una solución más que pasajera. Y la gran mayoría vive muerta de miedo y de vergüenza por pensar distinto.


Sin embargo me interesa que sepas que el seteo que permitiste consciente o inconscientemente se puede des-programar. Es  posible porque siempre estamos hablando de programas, de formas de percibir el mundo, no de la realidad objetiva, sino de una manera de subjetiva de interpretarla.


Pero la pregunta de fondo es siempre la misma, qué tan dispuesta estás a dar el salto, a salir de lo conocido, de lo que supuestamente te auto-convenciste de que te gusta y querés. Qué tanto riesgo estás dispuesta a correr, porque al inicio lo sentirás como un sato al vacío. Hasta hoy la única identidad que conoces es la de otros, ni siquiera sabes cuánto de vos tiene, y qué es ajeno.


Columna publicada en Misiones Online

http://bit.ly/3cEisZN

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