• Sol Jouliá

LA MIRADA DE UN NIÑO

Dos hojas de papel A4 en desuso son abrochadas en uno de sus extremos, dejando espacio en el medio, para que pase la cabeza. Una tercera hoja es cortada por la mitad y pegada perpendicularmente sobre una de las caras, rápidamente yo pienso que es una capa, él me corrige y me dice que son alas. Con apenas 5 años, el niño se calza orgulloso su traje de dragón y comienza a correr haciendo gemidos con cada aliento que lanza lleno de fuego. 


Es el mismo pequeño, que un rato después, encuentra cientos de piedras de poder en la playa y me pide que las guarde; el que construye castillos en la arena, el que busca troncos y los empuña en el aire como si fueran espadas, y al rato varitas mágicas. Es el que cuando se encuentra con sus amigos en el parque los saluda con un abrazo largo, porque no los ve hace dos días, que para él fueron como dos años.


Los ojos de un niño pueden ser una explosión de imágenes si encuentran alternativas para desarrollar una creatividad que es infinita. Sus manos son la herramienta perfecta para crear millones de universos, y su cuerpo el vehículo preciso para poner en acción lo que sea necesario para aprender divirtiéndose. Está claro que todo lo que existe a su alrededor puede ser reutilizado para jugar, una cuchara puede tener la misma finalidad que una silla, un balde, un almohadón, o una flor recién caída, todas sirven para lo mismo o algo completamente distinto. Una madera puede ser un caballo, dos tapitas de gaseosa con un palito - alineados en el centro - pueden ser un auto, una bolsa de arpillera puede servirles para dormir, esconderse, disfrazarse, o armar una carpa. 


Pareciera que necesitan menos cosas que las que nosotros creemos. Quizás, si dejáramos de producir juguetes en masa y venderlos como hacemos, podrían hasta dejar de interesarles tanto, quién sabe. Porque cuando prestamos sólo un poco de atención nos damos cuenta que buscan espacios verdes y naturales para correr, saltar, trepar, caminar, investigar, probar, observar, desarmar y volver a armar. Y es así, porque tienen todo, absolutamente todo lo necesario para entretenerse cuando dejamos que sus 5 sentidos estén alertas y activos para lograrlo. 


Entiendo, que sea más fácil que no nos pregunten mientras están absortos por horas en las tabletas o pantallas, donde encuentran todo masticado, procesado y resuelto al alcance de un click. Es cierto, que no queremos que se caigan de un árbol, o se lastimen jugando, por eso tal vez, preferimos peloteros más cerrados. Comprendo, que busquemos nuestro momento de ocio, o algunas horas de tranquilidad después del trabajo, sin que nos interrumpan. Pero entiendo también que al mundo llegaron a través nuestro, no en una cigüeña. 


Por eso, mientras estén bajo nuestro cuidado, será importante que les facilitemos el contacto con la tierra, la naturaleza, lo simple, lo más próximo, lo más cercano y despojado, para que puedan ser ellos y su imaginación los protagonistas. Espacios donde puedan descubrir, valorar y aprender a cuidar mejor de nuestro Planeta. Oportunidades de crecer en paz, que quizás algunos de nosotros tuvimos y otros ya no tanto.  Momentos únicos de encuentro consigo mismos, con otros, y con el mundo que los rodea, más que objetos que los limitan a pensar y sentir sólo de una manera. Experiencias que alimenten su creatividad, y les permitan expresar al máximo su potencialidad. 


Porque ellos son quienes probablemente el día de mañana se convertirán en esos líderes que nosotros no supimos ser; o serán esos amigos, colegas y jefes con los que nos hubiera gustado contar y que, sin embargo, hoy tanta falta nos hacen. 


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