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  • Sol Jouliá

LA CERTEZA DE NO PODER CONTROLARLO TODO

Hay momentos en nuestra vida donde sentimos la intensidad de mil días, horas y segundos en un sólo instante. A veces sabemos cuándo exactamente algo así nos puede suceder, o creemos saberlo, porque tenemos la fecha en nuestra agenda que marca “ese evento”, presentación, competencia, viaje, encuentro; por meses esperado, preparado, y ensayado. Hay circunstancias donde por el contrario, no sabemos qué puede pasar, y sentimos de golpe como si la magnitud de los hechos no previstos nos desprendieran prácticamente la piel. Lo cierto es que no hay preparación suficiente para situaciones accidentales que en un solo golpe nos doblegan. 

Para momentos de alta intensidad, me pregunto, ¿cuánta previsión, cronograma, programa, guión, o ensayo es suficiente? ¿Podemos o no podemos realmente estar preparados para todo? Por supuesto que no, la vida se nos escapa de las manos y lo inesperado se ríe de nuestra obsesión por controlarlo todo y estar preparados. Y es ese quizás, el motivo por el cual muchos no duermen profunda y apaciblemente por las noches, intentando prever lo imprevisible, o detener lo inesperado.

¿Quién dice qué tipo de circunstancias o situaciones pueden llegar a ser más potentes para cada uno de nosotros? Porque tanto si las previmos, preparamos o ensayamos, como si no, la complejidad del momento nos mira de frente y nos supera ampliamente. Con fecha cierta, la vida puede llegar a sacudir todas las estructuras, y creencias de un plumazo, de alguno de nosotros, porque nos resulta completamente diferente, y absolutamente desafiante, por ejemplo. Y sin agenda, de imprevisto, otros se sienten movilizados, desesperados, y a veces hasta paralizados porque lo que no preveían de repente los desafía al máximo.

¿Quién dice qué situación es  más o menos normal? ¿Sencilla para quién, tolerable cómo y de qué manera? ¿Quién se anima a levantar una bandera acerca de cuál de todas las circunstancias que nos tocan vivir es la más compleja, urgente o tremenda? Quién se atreve a señalar, con absoluta seguridad y sin errores, cuál es el mayor desafío que tenemos por delante como humanidad, cuando ni siquiera tenemos certeza absoluta de cómo vamos a reaccionar nosotros, cada uno, mañana mismo, en situaciones que parecen simples, no importantes, y para tantos otros resultan insoportablemente complejas.

Nos cuesta aceptar que para cada persona, para cada ser vivo que habita en este Planeta, su historia, su lugar, su situación es distinta, y puede ser fácil de sobrellevar o tremendamente imposible de soportar. Nos ponemos muy rápidamente en el rol de árbitros de situaciones que no nos corresponden, y de jueces acerca de dónde debería o no debería tener puesto el foco y la atención el otro, mi vecino, colega, pareja, hijo, jefe, político de turno y presidente. Las redes sociales y los medios de comunicación, se convierten en espacios de disputa del foco, donde muchos señalan hacia dónde tenemos que mirar, qué nos debe interesar y qué nos tiene que pre-ocupar realmente, porque de lo contrario estamos locos, desactualizados, desenfocados.

¿Es tan así de lineal? Quizás sea hora de aceptar la diversidad de miradas, la variedad de intereses, la infinita posibilidad de miedos, temores y conflictos que no son iguales a los de uno, y sin embargo merecen el mismo grado de valor. Tal vez, sea el momento de hacer espacio a lo distinto desde lo mínimo, que puede ser algo tan simple como lo que me pasa hoy con el tiempo y las actividades previstas o imprevistas que me superan. Necesitamos entender que lo incontrolable y desafiante puede llegar a circunscribirse a las próximas 24 horas, al espacio íntimo de las cuatro paredes que nos rodean, o a la propia piel que hoy sentimos que por algún motivo nos somete.

Para lograrlo necesitamos recuperar la capacidad de escucharnos y escuchar a otros, la posibilidad de observarnos y observar  sin juzgar, de contener sin esperar nada a cambio. Ya que quizás, de lo único que podemos tener una ínfima certeza es lo que nos toca vivir en este preciso instante.


Link a la columna en Misiones Online: https://misionesonline.net/2019/11/03/la-certeza-de-no-poder-controlarlo-todo/


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