• Sol Jouliá

Conocer el Machu Pichu

Si los Andes peruanos hablaran qué nos dirían, me quedé pensando, procesando algunas horas después de volver ensimismada de MachuPicchu.

Silencio, vacío, nada.

Probablemente 500 años después de la desaparición de tremenda civilización Inca, no tendrían porqué agregar algo más.

Así también me sentí yo, sin palabras. La inmensidad de las montañas, la perfección de la arquitectura, y las construcciones son obras maestras de una ingeniería en armonía con la naturaleza y la astronomía. 

Todo estaba a la vista, medido hasta al milímetro. Impecable, perfecto, exacto, pensado con la genialidad de dioses que no son del Olimpo, son de Hanan Pacha y los conocemos!!! El sol, la tierra, las montañas, el agua, las constelaciones, la cosecha, las estaciones fueron respetadas y adoradas en aquel entonces. El resultado, directamente indescriptible.

Sin internet, computadoras, satélites o brújulas, aquellos hombres y mujeres sabían mil veces más que nosotros y tenían conexión directa con el cielo, la tierra, y el inframundo. Hanan Pacha, Kay Pacha, y Uku Pacha llamaban a los tres mundos con los que convivían.

"Arriba, aquí-presente, y abajo" aclaró Pauliño mientras explicaba las características de la cosmovisión andina. Y una vez más estuve en silencio. Recordé la nota que había escrito la noche anterior acerca del viaje en tren camino a Aguas Calientes, cuando no conocía esta información y la escribí con pura intuición.

¿Cómo escribir sobre un espacio que es indescriptible?

MachuPicchu es una joya, una maravilla sin tiempo que genera emoción. Pero también es y será otro testigo mudo de los miles que hay en la historia, resultado del avance indiscriminado de hombres que buscaron conquistar lo inconquistable.


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