• Sol Jouliá

Comunicar ¿para qué?

La posibilidad de contar con canales accesibles - como las redes sociales - en los que la mayoría puede publicar, compartir, o difundir mensajes al alcance de un click, no significa necesariamente que hayamos encontrado maneras eficaces y eficientes de comunicarnos.


Contamos con las herramientas tecnológicas, con los soportes digitales de modalidad sincrónica o asincrónica, pero seguimos siendo las mismas personas a la hora de relacionarnos. Los espacios cambiaron, nosotros no. Las plataformas son otras, y nosotros seguimos teniendo los mismos exactos problemas a la hora de comunicar.


Creemos por ejemplo, que se trata de transmitir un mensaje o de decir algo no de adaptarlo, o adaptarnos. Y nos olvidamos de escuchar, comprender, conocer, observar, profundizar acerca de quiénes nos siguen, qué entienden, y cómo hablan quienes forman parte de nuestra comunidad o círculo de impacto.

Cuando recorro las redes tengo días en los que me siento presa en laberintos sin salida. Puedo llegar a perderme entre las curvas e intersecciones de monólogos en vivo, charlas extensas en IGTV que corto a la mitad, discursos extremadamente técnicos si entro a LinkedIn, o muy por el contrario perfiles donde quienes postean o publican reducen la complejidad con discursos simplistas, generalizados, y por momentos violentos.

¿Cómo podríamos aprovechar la posibilidad única de conectar con otras personas desde el lugar donde estamos? ¿Qué deberíamos modificar en nuestra oratoria para conectar realmente con quiénes nos siguen? ¿Cómo podríamos evitar filtros y pantallas que promueven una apariencia ficticia que nada tiene que ver con quienes somos, y con quienes seguramente se encontrarán tarde o temprano?

Quizás, si nuestra comunicación fuera suficientemente amable, cercana, auténtica, y efectiva nos encontraríamos dialogando en un futuro no muy lejano más constructivamente con otr@s... y no hablando por hablar, mostrando para aparentar, o hablando sin saber porque el aire es gratis.