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LA MAGIA DEL ENCUENTRO

28 Nov 2018 | 4 min.

Cuando vas por la calle y de golpe a la distancia ves a tu amigo o amiga de la infancia, al que no veías hace mucho tiempo, ¿qué hacés? Esperás a que pasen todos los autos si están en veredas diferentes, y cuando estás bien cerca lo saludás sutil, disimulada y correctamente como corresponde a un adulto serio; o desde donde estás, sin pensar mucho te nace llamarlo por su nombre, quizás, con un grito bastante descontrolado. Si estás trabajando y sin previo aviso, después de muchos años, llega algún tío muy querido a saludarte, cómo solés reaccionar. ¿Podés contenerte, hablar en voz baja, de manera pausada, no moverte de la silla, quedarte inmóvil, firme como un granadero de la guardia real, como si nada te conmoviera?


Seguro que no, porque cuando nos encontramos con alguien a quien queremos mucho, buscamos la forma más espontánea posible de saludarlo. Si sos efusivo quizás lo haces con un abrazo, si sos más activo reacciones rápidamente yendo a su encuentro, corrés, siempre dependerá de la intensidad del momento, del tiempo que hace desde la última vez que se vieron, y de lo que sientas que es importante expresar. Los saludos a nuestros amigos o seres queridos suelen ser momentos en los que no pensamos en lo que corresponde, en lo que deberíamos, en lo que tenemos que hacer. Vamos hacia adelante, al encuentro del otro, quien generalmente hace desaparecer preocupaciones, y cualquier tipo de contexto.


Lo mismo, le sucede a los niños, solo que todos los días, o la mayor parte del tiempo. No les pasa cada tanto, ni con tanta espacialidad de tiempo o especificidad de personas, porque a diferencia de nosotros adultos super estructurados, serios y correctos, los niños pequeños no tienen la misma noción de tiempo, no son conscientes de cuánto pasó entre un encuentro y otro. Y no hacen la distinción que nosotros sí hacemos acerca de quién merece un buen abrazo y un grito de felicidad, y quién no. Los mueve la alegría, y el entusiasmo que tanto los caracteriza y que es inagotable. Algo parecido sucede con nuestras mascotas, los perros. Si prestás atención nos reciben siempre con la misma efusividad. No importa si salimos dos minutos o regresamos después de un día entero de trabajo, se acercan a dónde estamos, mueven su cola con la máxima energía posible. 


Cualquiera de estos dos grupos, cuánto más confianza sienten, más sueltos están. No tratan de disimular, no pretenden ser correctos, sólo buscan expresarse. ¿Lo notaste? Es importante prestar más atención por dos motivos. El primero, es que no podemos exigir a los niños moderación al saludar si todavía no tienen noción de espacio-tiempo; y no podemos pretender que estén firmes como rulo de estatua cuando entran sus padres al colegio a buscarlos, o van de visita al aula. Tampoco podemos pedirles que estén demasiado calmos cuando se cruzan con algún amigo que los ve de repente. No manejan nuestros códigos, no saben de protocolo, por suerte, según mi punto de vista. El segundo motivo, es invitarlos a que la próxima vez no esperen que pasen tantos años para saludar con la misma efusividad a sus amigos, colegas, o pareja . No es necesario hacer de cuenta que no nos pasa nada, o que nos daría igual si mañana ya no están entre nosotros. Me pregunto cuánto cambiaría en nuestros vínculos si perdemos la noción de las horas, del ceremonial acartonado, y nos volvemos más simples, espontáneos y enérgicos. 


Por último, en los primeros 60 segundos de todo encuentro interpersonal se define gran parte del clima que acompañará al resto de una conversación, negociación o compra. Sin embargo solemos prestar muy poca importancia a ese momento, vamos directo a lo que necesitamos, cuando en realidad, resulta fundamental saludar correcta y amablemente, mirar a los ojos al hacerlo y no entrar atropellando, o distraidos con el celular. Un apretón firme de manos, si es más formal el encuentro, un abrazo, dos o un beso, buen día, buenas tardes y permiso pueden hacer una gran diferencia en el resto del diálogo. El saludo siempre debe ser simple, genuino y atento.


Probemos!


Columna publicada en el diario Misiones Online: 

https://misionesonline.net/2018/11/28/la-magia-del-encuentro/




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