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SABIDURÍA INCA QUE CONMUEVE

25 May 2017 | 5 min.

Ayer tuvimos un encuentro cuasimágico en pleno centro de Cusco.

Nos levantamos temprano y salimos con la intención de visitar algunos museos de la ciudad.   El día anterior, habíamos recorrido el imponente Valle Sagrado, así que teníamos las piernas y el cuerpo agotado.

Como buenos misioneros extranjeros, arrancamos sentándonos en un banco de la Plaza de armas, y nos preparamos un mate. La gente pasaba y miraba extrañada el ritual. La ciudad recién despertaba.

De golpe, entre mate y mate,  apareció una mujer. Se sentó en el banco a mi derecha, sacó de su bolso gastado un calabaza tallada, y me dijo "amiga, mire lo que tengo para  ofrecerle". Enseguida quise sostener la pieza, y cuando la tuve entre mis manos sentí un nudo en la garganta y unas tremendas ganas de llorar.

El tiempo se detuvo por completo. Alrededor, sonaban de fondo las voces de promotores de la zona quienes gritaban a viva voz nombres de turistas despistados, que iban a salir en diferentes tours.

"Amiga" insistió la mujer, "las hago yo misma desde pequeña, mire aquí la trilogía Inca, el cóndor, la puma, la serpiente que representan la paz, la fuerza y la sabiduría. También el matrimonio Inca, el Sol y la Luna" siguió explicando sin parar un sólo segundo, en su español entremezclado.

Permanecí en silencio, sin decir palabra, muy emocionada. Ella comenzó a contarme llena de pasión y orgullo el significado de cada dibujo hecho con sus propias manos. Yo no entendía todavía muy bien con quién estaba, ni lo que iba a pasar. Me levanté para poner un poco de distancia ante tanta profundidad escondida, pero no lo logré. Lo miré a Javi como pidiendo socorro, estaba hablando con Tom, un estudiante de turismo que nos quería llevar al cerro Siete Colores. Y entonces, quizás un poco por las lágrimas que vio que me brotaban cual cataratas del Iguazú, sin mucha introducción, se nos unió.

"Auccacusi es mi apellido paterno", continuó. "Mis tallados cuentan la historia de mi familia, mi papá era tallador, y mi mamacita tejedora, somos de Chinchero, Urubamba. Toda las noches antes de dormir papá nos contaba una y otra vez las tradiciones, historias, y forma de vida de nuestros antepasados. Somos 8 hermanos, 6 mujeres y dos varones, todos criados en la cultura andina. Para papá era lo mejor que nos podía dejar, para mí era una tortura cada vez que pronunciaban mi apellido y nombre completo en quechua, mis compañeros se burlaban, se reían y me hacían bullying en la escuela. Mi familia es descendiente directa de los Incas y los que nos conocen lo saben", remató sin ningún tipo de resentimiento, muy tranquila. Mi nombre completo es Andeneri de los Incas Ayar Auca, de los Hermanos Ayar.

Otra vez un tirón en el estómago me movilizó, no podía entender que después de todas las maravillas que construyeron como civilización de avanzada, sus propios "hermanos peruanos" no los reconozcan.

Seguimos conversando. Nos contó que su marido también talla, y que como ella no sabe tejer talla 6 horas por día para ahorrar y mejorar su casa. Viven en las afueras de Cusco, ella cría cuys para consumo propio, y también cultiva papas para vender en el Mercado. Su hija Brenda ya tiene 10, y hace un año la anotó en un colegio en el centro de la ciudad de Cusco, porque no quiere que le pase lo mismo que a ella. Prefiere que se integre. "Brenda ama los perros, y cuando sea grande quiere ser veterinaria. Yo la aliento, y le digo que tiene que ir a la Universidad si quiere progresar y ser alguien", aclaró.

Javi primero, yo después, rompimos el silencio. Le dijimos a coro: "vos sos alguien, valés por lo que sos no por lo que pudiste o no estudiar". "Hacer lo que te gusta y te apasiona es lo que te hace grande, tus tallados son bellísimos, como vos", pude balbucear emocionada.

Dina sonrió. Nos contó que muchas veces el dinero no alcanza, pero que su familia está ordenada. Nos dijo orgullosa que mientras pueda estar cerca de su hija, cuidándola y disfrutándola está feliz. "El dinero es lo de menos", sentenció, "con las papas y verduras que cultivo siempre tenemos que comer, y a mi marido lo espero con una rica sopa", agregó.

Los tres permanecíamos quietos en el banco.La plaza de armas fue nuestro refugio a cielo abierto. Yo de a ratos seguía llorando. Lo que no sabía y que nos enteramos hacia el final del relato de Dina, es que fue en ese mismo lugar donde los españoles asesinaron de manera sanguinaria a Tupac Amarú II, amarrándolo brutalmente a cuatro caballos. Huacaypata - lugar del llanto - ese es el verdadero nombre de este lugar, nos explicó que así lo llamaron los Incas después de aquel triste final.

A pesar de la llovizna y el frío que congelaba los huesos, no nos movimos por más de hora y media. Juntos, mirándonos de frente, estábamos como anestesiados por el mismo sentir que nos unía de toda la vida, sin conocernos.

Le pedimos que vuelva a contar y filmamos la explicación de la calabaza tallada que terminamos comprando. Nos quedó de aquel encuentro mágico e increíble su risa, su voz, y el corazón despierto, más animado.

Hoy es 25 de mayo, y ayer nos encontramos con una sabia mujer inca que nos demostró con ejemplo propios, cómo los americanos todavía tenemos mucho por aprender. Nos falta reconocer el inestimable valor de la cultura indígena, antes de festejar que somos patria.

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